El arte de la valoración empresarial

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Artículo publicado originalmente en el blog de su autor.

Existen diversas metodologías para valorar empresas. Todas tienen puntos fuertes, pero también presentan puntos débiles. Hablemos de los tres más frecuentemente usados:

Método basado en el patrimonio:

Este método, también llamado método estático, es un método objetivo, puesto que define el valor del patrimonio neto como diferencia entre el valor de sus activos menos el de sus pasivos, magnitudes que por lo general son fácilmente medibles.

El valor de los activos puede ser directamente el que figura en el balance (Valor Contable) o el valor de mercado de los activos, incluyendo plusvalías y minusvalías implícitas (Valor contable ajustado). El primero de ellos es el más objetivo, pero en caso de que los activos tengan un mercado, el segundo es el que más se ajusta a la realidad.

La debilidad de este método reside, por una parte en su carácter estático, pues no considera el futuro, que, en general, puede concentrar buena parte del valor de una empresa. Por otra parte, no toma en cuenta los activos intangibles que no son comprados a otra empresa, sino que se han generado en forma interna como, la marca, el prestigio, la base de clientes, el know-how, etc.

Los múltiplos de valoración:

También llamada metodología de valoración por comparación, aporta una valoración objetiva, ya que se basa en la información que aporta el propio mercado sobre el valor de mercado de otras empresas. Sin embargo, tiene algunas debilidades considerables. En primer lugar, resulta sumamente difícil encontrar una muestra de referencia, ya que, por definición, no hay dos empresas iguales. En segundo lugar, se trata de una metodología estática: valora las empresas considerando su realidad actual, sin considerar demasiado sus perspectivas a futuro. Por último, en general, diferentes múltiplos dan lugar a valoraciones distintas. Ante esa circunstancia, siempre hay la duda de ¿Qué múltiplo utilizar?…

Discounted Cash Flow (DCF):

El flujo de caja descontado se postula como la metodología financieramente más sólida para determinar el valor de una empresa. En efecto, el DCF determina un valor dinámico basado en sus oportunidades de crecimiento, a la vez que tiene en cuenta su riesgo. Sin embargo, el punto débil de este método reside en la consistencia de las hipótesis utilizadas. Un profundo conocimiento del sector y de la empresa da consistencia a las magnitudes utilizadas, pero tener que realizar estimaciones de futuro otorga a la valoración la consideración de arte, más que de ciencia.

Ante la dificultad inherente de este método en obtener el valor objetivo de las empresas, con objeto de asegurar un buen performance de la cartera, el inversor que sigue el Value Investing debe mantener dos premisas estratégicas:

  1. Comprar o invertir sólo en negocios que entiende y en los que, sobre la base de su conocimiento, «adivina» oportunidades de crecimiento basadas en alguna ventaja competitiva y no reflejadas aún en el precio de la acción.
  2. No comprar o invertir con precios sobrevalorados (superior al valor) ni con escaso recorrido (precio inferior pero con muy próximo al valor). Se buscan empresas con márgenes de seguridad elevados, para lo cual, en ocasiones, puede llegar a utilizarse el valor liquidativo como el precio máximo para entrar en una empresa.

Sin embargo, a pesar de ser una estrategia de inversión con buenos fundamentos financieros, la realidad de los últimos tiempos ha puesto de manifiesto algunas carencias en la estrategia inversora del Value Investing.

En primer lugar, penaliza las empresas disruptivas, puesto que presentan dudas (muchas veces razonables) sobre sus expectativas de crecimiento y sus ventajas competitivas. Por otro lado, tiende a interpretar sobrevaloración en el precio de las acciones de las startup tecnológicas (fundamentalmente con valor growth).

Podemos concluir, por tanto, que, en valoración de empresas, como en otros muchas disciplinas, la complejidad y la volatilidad de los entornos nos lleva a que soluciones técnicamente bien fundadas tengan también puntos ciegos y que, en consecuencia, tanto la valoración de empresas como la gestión financiera de carteras de inversión no sólo sean una técnica, sino que también un arte.

Espero que esto te haya ayudado, pero si tenés alguna pregunta sobre este artículo o sobre mis servicios, no dudes en contactarme.

Econ. Roger Garcia.

Artículo publicado originalmente en el blog de su autor.

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